¿A qué niño de 19 años le gusta ir de paseo con la familia a un tonto museo de viejos inventos? A veces, cuando voy en el auto con mis audífonos puesto y la música completamente alta, mi mente se llena de pensamientos profundos y busco respuestas a mi más difíciles preguntas. Recuerdo que ese día estaba lloviendo con mucha fuerza y con lo terca que es mi madre, no quiso cancelar el viaje ya que no tenemos recuerdos familiares, yo iba mirando por la ventana cuando pasábamos a toda velocidad por el horrible bosque que abundaba en Piltóverla (ciudad del progreso donde la gente la gente loca con inventos raros llenaban las calles en el pasado).
Una vez que llegamos al lugar sentí la voz de mi madre diciendo que bajemos con los paraguas y que entráramos directo al museo para que no pasáramos por un tonto resfriado en el futuro. De vez en cuando me sorprendía como la voz de mi madre sin importar que tan fuerte tuviera los audífonos aun así entraba en mis oídos como taladros, me los saqué y y seguí sus indicaciones al bajar del auto. Miré a mi alrededor en busca de más autos o de personas caminando por ahí pero no había nadie. Vaya, ¡qué divertido debe ser esto! (Con la más grande ironía).
Una vez dentro decidí irme por mi propio camino, mi madre junto a mi padre estaban fascinados viendo unos cuadros de antiguos inventos que ahora ya no se usan, como por ejemplo una cosa llamada "plancha". Recordaba haber leído que servía para que la ropa estuviera estirada, es decir, hacían parte del trabajo de los robots de hogar. ¿Cómo habrá sido vivir en ese tiempo? Dónde al parecer cada uno debía hacer las cosas, yo no lo soportaría, sinceramente. Una vez que llegué a un viejo cuarto que estaba lleno de planos de robot's me senté en una silla, estaba cansado y quería irme a mi casa para poder jugar a algún vídeo juego o llamar a mis amigos. La voz de mi madre cada vez estaba más lejos, así que supuse que con mi padre estaría en el otro extremo del museo, me puse de pie tomando un pequeño libro que estaba en la mesa y atentamente comencé a leer.
Explicaba quién inventó cada robot y por qué lo hizo, fui buscando con mi mirada el robot que salía en cada pagina viendo como la mayoría tenían un valor sentimental o algunos simplemente eran la esperanza por subsistir de otros, hasta que llegue a la última página. Orianna.
"Orianna. La joven robot creada por el fantástico hombre llamado Corin Reveck, quién luego de perder a su única hija se dispuso a crear a una nueva que llenara el vació que dejo la anterior, después de un año terminó por crear a Orianna, que a pesar del parecido que tenía con su verdadera hija, algo tenía diferente. Haciendo que la mayoría de las personas que la mirara a los ojos tuviera miedo. Corin, cansado de que todos trataran a su hija como un monstruo, decidió convertirla en una, envuelto por su locura. Hizo de su hija en una máquina asesina, causando el terror en Piltóver. Acusado de haber creado el invento más sádico de la ciudad fue sentenciado a destruir a su única hija y dejar su higar, pero al intentarlo, Orianna terminó por acabar su vida, cortando su cuello con su dedo. Años más tardes encontraron a Orianna algo oxidada en el bosque de Piltóver, luego de "arreglarla" lo suficiente como para que fuera expuesta en un museo, fue dejada aquí para que su historia fuera relatada".
El grito de mi madre llenó todo el museo, el libró cayó al piso apenas lo sentí. -Madre. -susurré antes de comenzar a correr a toda velocidad por el museo, atravesaba de cuarto en cuarto tan rápido como podía para poder encontrar a mis padres. Al llegar hasta donde estaban, solo vi una gran mancha de sangre pero ni a mi madre ni mi padre cerca. Mis piernas temblaban y mi cuerpo estaba húmedo, pero no por la lluvia.
-¿Mamá? ¿Papá? ¿Dónde están? - caminaba a paso lento por la habitación, buscando pista alguna que me dijera donde estaban mis padres. Una vez vi que el camino de sangre terminaba en un cuarto al final de un largo pasillo y mi garganta se cerró, y con lentitud apreté la manilla en mi mano para darla vuelta, nunca olvidaré aquella horrible escena que llenó mi ser. Las ganas de vomitar y llorar que llenaban mi cuerpo eran increíbles ¿Qué estaban viendo mis ojos? Mis ojos estaban viendo la razón por la cual el museo estaba solo, la razón por la que sólo el viento y la lluvia llenaban el lugar, la razón por la que nadie venía y si venía terminaba aquí.
-Orianna. -susurré al ver aquella hermosa chica creada de metal cortando las extremidades de mis padres, el piso estaba lleno de personas pudriéndose totalmente mutiladas.- No, Orianna.
Susurré antes que dejara lo que estaba haciendo para caminar hasta mi a pasos lentos, casi pareciera que estuviera bailando ballet mientras se acercaba hacia mi.
-¿Por qué gritan? -dijo con su robotica pero femenina voz, mis pasos iban lentamente hacia atrás intentando pensar en una forma de huir, quería irme a mi casa y dormir como si nunca hubiera pasado esto. ¿Sería posible luego de tener a unos pocos metros de mi cual máquina asesina alguna vez causo caos en toda mi ciudad? Tenía miedo, Orianna cada vez más cerca de mi hizo soltar un pequeño gemido de terror, su mano tomó mi mandíbula con fuerza para que mirara directo a sus ojos, eran azules y eran preciosos, eran casi humanos al igual que su cabello. Con sorpresa, su mano no era robótica. Tiró su cabello hacia atrás dejando a la vista su real oreja, la puso en mis labios y con fuerza cerré mis ojos esperando lo peor.
-Déjame ir a casa. -le rogué, ella se alejó furiosa, arrojando mi cuerpo con furia contra una pared, sentí como uno de mis huesos se había quebrado, como pude me arrastre hacia una de las habitaciones más cercanas mientras ella golpeaba las paredes, cerré la puerta y busque una salida más cercana, su voz resonaba tal como lo hacía la de mi madre, me arrastre hasta otra puerta que al parecer daba a un largo pasillo, la salida debía estar cerca así que me puse de pie tomando mi brazo roto y corrí lo más rápido que pude hasta la salida, una vez llegue corrí con fuerza hasta lo más lejos que pude pidiendo ayuda a gritos pero fue la peor de las ideas.
-¿Por qué corres? -su voz detrás de mi me hizo querer correr más rápido, pero su mano con fuerza me tomo por la pierna arrastrándome hacia el lugar, mi intentos por escapar fueron en vanos, sus extremidades de metal terminaron por arrancar mis piernas y brazos, antes de morir pude mirar sus ojos y estoy seguro que vi una sonrisa.
Ahora solo vago por el mundo, mirando como a diario llegan familias a veces una y a veces dos, siempre a horas diferentes casi como si fuera planeado, hice todo lo posible por que no entren pero ya estoy muerto y no me ven, la misma noche de mi asesinato vi a un hombre, bastante viejo que limpiaba el lugar donde todo había ocurrido. Me acerqué lo suficiente para escuchar lo que hablaba con Orianna y gracias a eso pude darme cuenta de todo.
-¿Como vas hija? ¿Qué extremidades te faltan? -la voz del viejo hombre hicieron que la pequeña robot se acercara casi como si le tuviera miedo, se agachó para hablarle. -Padre, piernas y brazos. -el hombre acarició la mejilla de la maquina asesina y le sonrió. -Tranquila, mañana viene una familia con gemelas, puedes sacarlas de ahí. Pronto serás mi niña de verdad y nadie te tendrá miedo. Además, te invitaré un helado, fingir mi muerte fue la mejor de las ideas, de no ser así ahora no podría estar contigo, hija mía. Es un horrible precio que tiene que pagar la gente de ahora por la que alguna vez que temió, pero es un riesgo que vamos a tomar solo por tu bienestar. Ahora cierra la puerta que iré a terminar de limpiar. -la joven chica entró al cuarto cerrando la puerta, mientras aquél verdadero asesino limpiaba todo. Corin Reveck nunca murió y ahora tomaba venganza por lo que alguna vez le hicieron a él y a su hija. Y yo estaba destinado a ver como esa maquina asesina se iba convirtiendo en humana hasta el día que dejó el museo junto a su padre.


